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martes, 14 de diciembre de 2010

La protesta contra Berlusconi en Roma degenera en guerrilla urbana

  • Manifestantes se enfrentan a la policía en el centro de la capital.- Decenas de miles de personas recorrieron las calles de la ciudad mientras el Parlamento votaba la moción de censura

Fuego en Roma
Una columna de humo se aprecia sobre la Piazza
 del Popolo, en el centro de Roma,
 durante las protestas contra Berlusconi.- AFP

Italia.- El centro de Roma ardía esta tarde; columnas de humo, coches y contenedores en llamas podían contemplarse desde la Piazza del Popolo, el corazón burgués de la capital italiana, donde la policía cargaba una y otra vez mientras los manifestantes lanzaban adoquines. Cientos de jóvenes se enfrentaron a la policía al final de la masiva manifestación que, mientras el Parlamento debatía la moción de censura que finalmente ganó Berlusconi por tres votos, recorrió el centro de la ciudad. Las protestas se han extendido a otras ciudades italianas y la batalla en la capital había dejado por lo menos 20 heridos, entre ellos tres carabineros, según los primeros datos.

La victoria de Il Cavalieri tras la moción había desatado la indignación en Roma, donde se había congregado a lo largo del día una multitud procedente de toda Italia para protestar contra el Gobierno. Il Cavaliere sobrevivió pero en la calle una multitud gritaba no a su Gobierno, sobre todo a lo largo del corso Vittorio Emanuele. El gentío, congregado ante el Senado y el Congreso estalló en abucheos contra Berlusconi al oír por megafonía las palabras que anunciaban la victoria del primer ministro. Algunos exaltados comenzaron entonces a volcar contenedores, a lanzar bombas de papel y pintura roja y a romper cristales de entidades bancarias. La policía comenzó entonces a cargar y a lanzar gases lacrimógenos. Los manifestantes también lanzaron objetos contra el palacio Graziolo, la residencia del primer ministro, el palacio Madama (Senado) y palacio Montecitorio (Congreso).

Berlusconi había logrado sobrevivir a la votación parlamentaria y ha conseguido insuflar algo de vida a su Ejecutivo, pero la multitud que se había concentrado en Roma dice no, Y representan un importante trozo de Italia: estudiantes, sindicado Fiom-CGIL, comités de ciudadanos de L'Aquila, de Nápoles, los precarios, desempleados, inmigrantes, okupas de los centros sociales: se han concentrado decenas de miles a la urbe eterna para decir "Yo no confío".

Entre los manifestantes está Andre Mura, de 24 años, que estudia en Pisa para ser ingeniero. Desde allí se había desplazado en un seiscientos hasta Roma, adonde ha llegado de madrugada. Quería protestar contra la reforma "injusta , que piensa en el sector privado y no en el público. Un resumen de la acción de este gobierno vergonzoso".

Estudiantes organizados

Los estudiantes y los investigadores que llegaron desde el norte de el país -de Bolonia, Pavia y Urbino, por ejemplo-, se habían reunido bajo las columnas imponentes de la Sapienza, la Universidad pública más representativa de Roma, que está liderando la protesta contra la reforma de los recortes en la enseñanza, que espera definitiva luz verde en el Senado. "Vamos a resistir un minuto más que vosotros", dice la pancarta que están portando hacia el Coliseo, con referencia a la lucha a quién es el más débil, a quien tira la toalla primero en que se ha convertido la política en estos meses.

Las facultades siguen movilizadas contra el proyecto de ley que recorta las financiaciones a la Universidad pública y las becas. En todo el país se mantienen una o más aulas ocupadas y hay asambleas continuas. Pero hoy la cita es aquí, en la capital. "Para censurar desde abajo un Gobierno incapaz y muerto", dice el comunicado de Unión de los Universitarios. Los edificios de la ciudadela de la Sapienza están forrados de carteles: "Medicina pre-ocupada", cuelga de las ventana de los futuros médicos.

Como a menudo ocurre en Italia (en 1996 antes de la caída del primer Gobierno del Cavaliere, por ejemplo), los estudiantes eran los más numerosos y organizados y marcan el ritmo de la protesta y del malhumor, pero no estaban solos. En las calles de una ciudad blindada por la policía, los helicópteros que cruzan el cielo, el tráfico cortado y donde es una misión imposible coger un bus o un taxi, el cartel del NO a Berlusconi, desfila por completo y compacto.

Está el Pueblo Viola, aquel movimiento heterogéneo de oposición cívica, desquiciados por Il Cavaliere y decepcionados por los partidos de Izquierdas; está Rifondazione Comunista, la Izquierda que hoy no ha podido votar en la moción de censura porque no estaba representada en el Parlamento; los obreros del mayor sindicato metalúrgico la Fiom-Cgil; los ciudadanos de L'Aquila exasperados porque nadie pensaba en reconstruir su casco histórico y los napolitanos que no quieren resignarse a tener la basura en sus calles, a pesar de las repetidas promesas de Berlusconi de solucionar el problema.

Las diferentes marchas confluyeron en la via de los Foros Imperiales: desde el Coliseo y el monumento blanco del Altar de la Patria se movía lento un único río de jóvenes, trabajadores, familias y ciudadanos. Cantaban y deletreaban consignas. El destino último de la protesta era el palacio de Montecitorio, la sede del Congreso. Pero la Policía había cerrado el acceso a la zona donde se concentra los edificios que encarnan el poder, creando una gran zona roja que impedía el acceso a grandes zonas del centro de la ciudad (alrededor del Pantheon y piazza Navona), donde se habían desplegado 2.000 agentes antidisturbios.

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